stereo sonic

23.8.11

And learn to fly again, learn to live so free

   Hubo un tiempo, que duró más de lo que me hubiese gustado, en el que el día uno me sentía decepcionado; el día dos trataba de encontrar nuevos motivos que consiguieran que no me sintiera mal; el día tres volvía a sentirme rechazado y decepcionado; y el día cuatro intentaba que fuese un nuevo día dos. 



   Hubo también varias razones que yo creía eran la causa de esos tres estados. La primera de ellas: ser gordito,... y no el gordito gracioso molón que aparece en algunas películas. La segunda, ser el empollón de la clase. Otra, llevarme siempre muy bien con las chicas.

   Cada vez que conseguían hacerme llorar, buscaba una nueva causa a la que culpar, y trataba de corregirla. Ellos no lo sabían, pero me hicieron más fuerte, y para bien o para mal, me corrigieron. No obstante, no siempre acepté el rechazo ni mi reacción ante él, y la mayoría de las veces pensaba: una y no más. No volveré a mostrarles mi cara de ofendido, pero tampoco mi sonrisa. No les pagaré con su misma moneda, pero tampoco les miraré a la cara. No volveré a ilusionarme, pero tampoco volveré a llorar. 

   Sin embargo, y aunque esa fortaleza de la que hablo fuese creciendo poco a poco, siempre dolían los susurros, y las risas en alto cuando te equivocabas, y las ganas locas por incentivar esas risas. Todo ello proveniente de la gente con la que estabas compartiendo tus momentos, los cuales no deberías olvidar... y no precisamente por las ganas de marcharte. 

   Lo fácil de Madrid es que ese una y no más es demasiado sencillo. En una ciudad con más de tres millones de habitantes, olvidar una cara es más fácil que verla día a día. Más incluso que recordarla. 
   Y a pesar de todo, para mí siempre fue lo más triste. Ahora tú eliges con quién compartes esos momentos, y las personas elegidas no tendrán que ser, por descarte, "las que vayan contigo a clase". Serán tus amigos, los que acepten lo bueno, y lo malo, los que tú decidas. 

   Y sí, hablo en general porque no podría particularizar en mi persona el párrafo anterior y pretender que tuviera sentido. Yo siempre elijo mal, y la única persona que me acepta es Ana. Ya no soy gordito, ni soy el empollón de la clase, ni digo nunca que no a otra copa,... pero vuelvo a sentirme triste al verme rechazado, y odiado, y ver como haciendo ese tipo de sentimientos público, estén quienes se sientan bien, y se rían. 

   Sí es verdad que sigo siendo bastante amigo de las chicas, y por eso hoy me pegaron un puñetazo en la academia. Supongo que hay gente que tarda más en crecer, en darse cuenta... o que nunca se sintieron apartados, o rechazados, o "gorditos", y entonces nunca aprendieron. 
   Hoy lunes, y tras mucho tiempo, toca decir: Una, y no más.

19.8.11

For all we know we might not get tomorrow.

   Han sido muchísimas las mezclas de sentimientos y estados que he experimentado estos días: soledad, tristeza, embriaguez, tristeza, esperanza, felicidad, aceptación, soledad y relajación. Y en ese orden. 

   A menudo hablo sobre las amistades, y es porque las valoro mucho. Pues bien, hoy hablaré de Natán, que ya lo mencioné en alguna entrada anterior, pero no lo presenté. Con la gente, en general, se suele empezar guay, yo siempre dije que todo el mundo es majo para pasar una hora. Con Natán, sin embargo, tuve un comienzo un poco más difícil, pero los dos tenemos un punto en común muy fuerte: somos adaptables. Valoramos el estar juntos y sabemos que estaremos bien allí donde estemos, y por eso mismo no ponemos muros, sino que... nos adaptamos... y eso nos hizo superar el primer muro. 

   Cuando después te distancias una temporada de alguien, lo más habitual es que la relación se enfríe. Que la otra persona se convierta en alguien a quien "reconocer" cuando te lo encuentras por casualidad en la calle, o en "reconocer" también cuando quedas con ella en un bar para charlar del momento de la vida en el que coincidisteis. Y hablo de reconocer porque, obviamente, esa persona ya no es la misma, cambió debido/y-junto a sus circunstancias. No obstante, hay un reducido grupo de gente con la que esto no ocurre: tus amigos, o más bien, tus pocos-y-siempre amigos. 

   Con ellos la cosa es distinta, pueden haber estado poniéndote excusas durante un mes para no quedar porque no les salía del pito beber, o salir de fiesta, o ese plan que tú proponías (aunque se quedaran en casa viendo la tele); pero son capaces de coger el coche un lunes a las 00:00 de la noche para, tras media hora de viaje, darte un abrazo y hacerte sentir que no estás solo. O escribirte 10 privados a tuenti y sumarle 10 mensajes en el móvil a las 10 llamadas perdidas. O hacer cualquiera de esas cosas estúpidas que tú, de igual forma, solo harías por cuatro o cinco de esos 200 "reconocidos" que tienes en facebook. 

   Había estado todo el mes de junio, y un poco más, sin ver a Natán. Por exámenes, o por egoísmo y dejadez para sacar media hora un día. Por darle prioridad a otras cosas. Por esas excusas que se ponen. 

   Y después de todo ese tiempo, compartió mi embriaguez, trató de calmar mi tristeza, y colaboró en mi relajación. 

   Y en solo ocho días vuelve Kami de Marruecos, otra muy adaptable. Y en doce, Jaime (de alguien que organiza fiestas mexicanas en su piscina ¿Qué deciros?). Y en tan solo dos, Pablo acaba de currar. Y me sobra un dedo de la mano, pero estoy feliz porque sinceramente, no tengo ninguna gana de levantarlo. 

   Las cosas malas que ocurrieron, no tienen importancia. Me quedo con ellos, mis amigos, con los que se reafirman en las peores ocasiones, y con los que compartiré las buenas rachas que llegan tras las malas. Y aunque tenía preparada Edwin Collins & The Drums - In Your Eyes para una entrada cuyo texto era mucho más deprimente, os recomiendo que la escucháis pero dejo una canción que sintetice lo que quiero recordar de estos días de tantos sentimientos.


14.8.11

Pero seguiré escuchando Temptation todos los lunes.

   Hace dos días alguien me dijo la frase más bonita que me jamás me habían dicho nunca, y fue mi nuevo compañero de piso: "Aquí no nos dividimos nada, cuando alguien ve algo sucio lo limpia". Después de vivir un año entero con dos tías (entre otra gente) que no barrieron ni fregaron ni ... bahh, no sigo con la lista de cosas que debieron hacer y no hicieron, esa frase me llegó al corazón. 

   No obstante, como se que el joven Vacas me lee desde algún chabisque alquilado bajo las alcantarillas de París, aprovecho para mandarle un saludo y confirmarle nuestra teoría sobre que en lo que a compartir pisos se refiere, los tíos somos algo más limpios (y ordenados) que las tías. Con esto aprovecho también para decir que la mudanza fue guay, los otros dos chicos son muy majetes, y pinta bien la estancia aquí para, al menos, el próximo año.

   Y pensando en que es el tercer piso en el que viviré, he pensado también que ya estoy en la cuenta atrás del último mes que cierra el periodo de los dos añitos que llevo en Madrid. Si bien el año pasado en estas fechas creía que no podía haber cambiado más mi vida en un año, he de decir que este curso (y sí, yo mido los años por cursos, de agosto al agosto siguiente... porque en verano también hay que estudiar) no me he quedado atrás. Algo más centrado en la carrera, con amigos más sólidos, y haciendo uso de todo aquello que aprendí el primer año a base de hostias, claro. 




   Sin embargo, tengo la sensación de que no hago bien "centrándome tanto". Con ello quiero decir que a veces siento que vivo lo que me correspondería vivir de aquí a unos años. Y se confirma esa sensación cuando veo el ritmo de vida que llevan la mayor parte de mis amigos (o ex-amigos). Esto no quiero decir que cambie absolutamente nada de lo que tengo/hago ahora, ni de lo que tuve/hice... pero, si bien es verdad que lo más positivo de ellos ha sido que fueron en continuo cambio, hasta el punto en que siento mi vida un poco adulta, ¿cuánto más seguirán cambiando?.

   La gente teme el cambio, se aferran a sus trabajos, a sus ciudades, a sus móviles que saben usar, a sus vidas... y más aún, temen no poder cambiar con él. Pues bien, yo temo la quietud; también las metas que no abren las puertas de nuevas carreras; o que la sucesión convergente de cambios aislados, y tal como indica la definición de límite, traiga uno que no lo sea. 

   Tampoco es que me obsesione, ni que piense continuamente "¿Qué hago con mi vida?", pero a veces me emparanoyo un rato con ello. Así pues, llegué a la conclusión de que dejaré de estudiar matemáticas esta semana, para que no se me ocurra otro comentario tan freaky como el del límite; y bajaré mañana al parque a correr,... que la pista de atletismo es circular y no se si abriré nuevas puertas, pero correré por si acaso.

   Ahh! Se me olvidaba comentar que me di cuenta, tras un amago que tuve hoy de salir por la noche y en consecuencia buscar desesperadamente alcohol por casa, que me dejé una botella de Knebep en el otro piso. Me sentí totalmente indignado y estúpido porque la trajo Natán desde el Mercadona de al lado de La Gavia cuando estuvieron mis amigas helmánticas en marzo, y la guardaba para bebérmela con él o con ellas. Así que chicos, sepan ustedes que Giovanni se la beberá a nuestra salud, e irá después a "refregotearse" o "refrotarse", como ella decía, al Aqua Barra

28.7.11

The whys and hows.

   A veces nos subimos a trenes de los que no podemos bajar. Oímos pero no escuchamos las indicaciones de los que ya recorrieron el camino, ni de los que desde la estación nos informan de las consecuencias del viaje. Nunca nos gustó pensar en las consecuencias. ¿Por qué tiene tanta luz este día tan sombrío? 



   Nos limitamos a avivar el ardiente fuego que sobre carbón le hace avanzar, y a sentir el vértigo que nos recorre cuando miramos desde lo alto de la locomotora. El mismo vértigo que nos mantiene vivos, y nos hace ser humanos... y también equivocarnos. ¿Pero quién no arriesga? ¿O promete? ¿O se equivoca?

   Y mientras pensamos en las consecuencias, y el miedo a fallar está atento a las próximas estaciones, el tren avanza tan rápido que solo el fin de las vías, o los rayos de una tormenta de verano podrían pararlo. Hemos perdido el control y dejado de ser maquinistas. Ahora somos magos, mágicos. El  accidentado carbón ya no juega ningún papel en el viaje. Nuestro único miedo: que los rayos que con nuestros abrazos invocamos cada día, provoquen una tormenta en vez de impulsar los vagones... y que, paradójicamente, paren el tren. 

   

24.7.11

I hope it can last forever.

    Hace tiempo comentaba en una de mis entradas que el primer año que llegué a Madrid me gustaba observar la Gran Vía cada vez que cruzaba el semáforo de Plaza de España, y sentir que estaba en Madrid, y que para bien o para mal estaba donde había elegido. También comentaba que aunque este sentimiento me alegrase cada vez que se repetía, estaba representado por la primera vez que lo había experimentado.  Y sobre ello va la entrada de hoy, sobre la pequeña manía que tengo para retener las primeras veces que ocurren las cosas. 



   Gracias a esta inconsciente forma de acumular recuerdos, tengo grabada en mi memoria ciertos momentos que, si los colocara en línea recta sobre una cartulina verde, representarían mi vida. 
   Entre ellos puedo destacar la primera vez que fui a un campus de baloncesto, y hablé con Javi, quien sería después mi mejor amigo; la primera vez que me regalaron una Game Boy, o la primera Game Boy que me regalaron, y la noche entera que me pasé jugando al Super Mario (aunque con Luigi); la vez que mis padres compraron un ordenador y estuve toda la tarde escribiendo en el Word y jugando al Buscaminas; el primer torneo de baloncesto en Ibiza, y el desmadre en los camarotes; la otra en la que hice el primer viaje con mis compañeros de clase a Barcelona, y tuve la oportunidad de hacer el bobo por la noche con amigas como Ana y Patri.

   La primera borrachera en San Mateo con un botella de vodka (para 8 personas); el primer beso y la primera *****, fuera de todo y sintiéndome en un mundo aparte; el primer recorrido en metro a la universidad, y el calor asfixiante en Ciudad Universitaria a las 7:30 de la mañana; la primera fiesta el primer día con mis primeros compañeros de piso; ... y más primeras veces que ha habido hasta la última: el primer día con Internet en el móvil, y mi primer smartphone. Éste ha sido un regalo de Pablo, por lo que él, Yanyan, la ensalada varesA así como los camareros drogados del Vips, y Anne Hathaway pasan a formar parte de uno de esos recuerdos que no me hará falta acordarme un día por casualidad, porque se que no los dejaré de tener presentes.

   Y ahora ya, no hablando del pasado, quiero mencionar que ayer no fue un día de primeras veces, y sin embargo tampoco lo quiero olvidar (especialmente el final del día). He tenido esta semana lo que antes consideraría motivos para no estar bien, y sin embargo, me gustaría acordarme de cada una de las partidas al Tiny Wings, y de cada una de las pelis que he visto. Es difícil tener una racha de subida de adrenalina en tu vida, de hecho, lo más normal es tener el efecto contrario, el que sentíamos de niños cuando volvíamos de un campamento de verano después de no parar durante quince días y le decíamos a mamá ¿Qué hago? ¿A dónde vamos a ir esta tarde? ¿Qué hacemos?. Pero, si ese "más normal" se torna en tranquilidad, en mantener el poder suficiente para que lo malo no te afecte, y en querer recordar como en las primeras veces aunque no las haya, ¿no es acaso motivo para estar feliz? 


 

13.7.11

No Rod, I have never seen Lorraine. Thanks for asking.



   Someone told me long ago, there's a calm before the storm que a base de hostias se aprende,... a tomártelas con calma al menos. 


   En Italia, cuando mandaban Los Borgia, hubo mucho terror, guerras y matanzas, pero también fue la época de Miguel Ángel, de Leonardo Da Vinci, y del Renacimiento. En Suiza pasó lo contrario, hubo 500 años de amor, de democracia y de paz,... ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco.


   ¿Alguien más me pide que sea positivo?



10.7.11

Siempre quise ir a L.A.

   He llamado al 4ºB por instinto, porque no me acordaba del piso. Tampoco sabía a qué lado girar al salir del ascensor, ¿te acuerdas cuando jugábamos al Medal of Honor? Y hacíamos chistes malos sobre el conejo de tu hermana. ¿Qué tal está tu hermana? Los conejos de campo son los mejores, bombean más la sangre. 

   Íbamos y volvíamos de entrenar en el coche escuchando Las de la intuición, porque te acababas de sacar el carnet, y porque el anuncio de Seat molaba. Vaya ostión lleva tu coche, ¿no? Menos mal que tenías la espalda trabajada, ahora todos vais a gimnasio.

   CARI! Cari, Cari, Cari, Caaaari!... ¿Ya vas entonada Anita? Noo, es la primera copa. Cristina sí, Cristina está en su propia población. Ahhh! Se me ha pinzao un huevo. Ana, ¿mañana te acordarás verdad? Diego, que yo te quiero a ti, da igual que yo te quiero a ti. Esto es seda de mariposa, y son las 5:47 ¿se está bien aquí eh? Ya lo se. También se que tú me quieres, pero por favor estate con ellas ¡! Esto no es para ponerlo en tuenti. 

   Me voy, dime tres canciones que hayamos escuchado esta noche y me voy. DJ Got us falling in love again, Una vaina loca, y ... ¿nos hemos acordado de Lucía no? Sí. Y..., y... Vale, no me voy. No quiero que te vayas.

   Cada vez que vuelvo a Madrid, y a pesar de ser muchos, no son solo los recuerdos de una noche lo que dejo. Dejo a gente que ha cambiado, que ha madurado, o que aunque no lo haga nunca, siempre serán mis amigos, y con los que puedo compartir unas horas sintiendo que no he dejado de verles, y sin posibilidad de pensar que al día siguiente no los tendré. 

   Pero es que los tendré, y me tendrán. Y tú me tendrás siempre, y por muy lejos que estemos el uno del otro siempre podremos hablar después de comer para sacar unos billetes y cenar juntos por la noche, y quiero que lo recuerdes. Porque es importante, al menos para mi, que lo recuerdes todo.